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sábado, 3 de febrero de 2018

EXPERIENCIAS MARCIALES: ENTREVISTA A LAURA SALATINO



57 años-Madre de 2 hijas y abuela de 1 nieta – Esposa dedicada- 
Ama de casa- Artista Marcial- Faja verde avanzado.


¿Cómo descubriste el Kung Fu?

Me sentía muy mal de salud, me habían dicho de la Escuela Shen pero que daban yoga; yo venía de cuidar a mi nieta y se me adormecía la cara, la boca, parte del cuerpo y todos me decían que fuera al médico, además, casi nadie sabía los síntomas que yo tenía, si iba a un médico me iban a dejar internada. Yo en el fondo sabía que era un gran estrés, entonces buscaba yoga.

 De niña me gustaban las artes marciales pero después, me daba vergüenza practicar porque ya era grande y mi hija me incentivaba y decía: por qué no vas. Llegué a la Escuela a las 15:30 hs, Sihing Valerio me atendió y me dijo: yoga no, hagamos Tai Chi y me quedó grabada la mirada de él, algo muy especial que no se me borró, van a ser 2 años y aún tengo esa mirada. Yo vine al otro día, con mucha vergüenza, me costaba mucho, me costaba respirar bien, me sentía adormecida.

Empecé a entrenar, entraba y sentía que me ahogaba, era un desafío y había una energía muy especial. Lo que me atrajo fue la energía y el carisma de los instructores. De a poco me fui sintiendo distinta, fui progresando, fortaleciendo mi interior para poder decirle a mi familia muchas cosas que no me animaba, específicamente a mis padres. Fui de a poquito descubriéndome. Hay algo muy especial en las artes marciales que realmente lo siento desde chiquita.

Después se sumó mi marido Juan al Kung Fu, vino con una hernia y mucho miedo y le cambio la vida.

¿Qué representa en tu vida el Kung Fu?

Muchas cosas, me siento más activa, más segura, en un sentido interior, está saliendo dentro de mí el Verdadero Yo, es lo que siempre soñé. De chica no me animaba a decir muchas cosas y el Kung fu me está dando toda la fortaleza para ir logrando un desapego con la familia por parte de mis padres. También, sentirme más segura por los caminos que ando. A esta edad yo decía me da vergüenza empezar, pero si se puede, me siento mucho mejor que 2 años atrás, me siento nueva, que estoy naciendo día a día.

Me siento más libre, interiormente y físicamente, con mucha fortaleza, como si me hubiera trasladado a otro mundo, es lo que siempre deseé y no me animaba a hacerlo realidad.

¿Cuál es tu proyección en la práctica y qué buscas en el camino de las artes marciales?

Espiritualidad…

Además, me gusta ir avanzando con las fajas, ya que cada una de ellas simboliza un esfuerzo interior y exterior distinto.

¿Qué les dirías a otras mujeres que tienen interés en comenzar este camino?

Que se animen, si lo pude hacer yo. Que lo intenten, van a sentirse felices, van a sentir que están concretando algo en su vida y que se refleja en la vida.






viernes, 20 de octubre de 2017

EXPERIENCIAS MARCIALES: Entrevista a Jorgelina Félix


Esta vez desde Experiencias Marciales, conversamos con la guerrera Jorgelina Félix de la Escuela Shen, quien nos transmitió su experiencia en el camino marcial.

Mamá de 4 hijos. 43 años. Ama de Casa-  Profesora de Teatro- Comerciante. 
Guerrera de la Escuela Shen. Faja Roja.

Jorgelina comparte el amor por las artes marciales con 3 de sus hijos, Amiell (10 años) y Carim (19 años) desde el Kung Fu y Hernán (18 años) desde la práctica de Sanda. Un ejemplo de cómo integrar el camino espiritual con la maternidad y lograr afianzar los vínculos desde un lugar no convencional y profundamente interno. Una historia de autosuperación y crecimiento.


-¿Cómo descubriste el Kung Fu?

Desde siempre me gustaron las artes marciales, yo hacía otro arte marcial, quería hacer  Kung  Fu pero era chica, tenía 19 años,  no había cerca de mi casa y no tenía posibilidad de moverme mucho, además, por ser “mujer”, me tenían apresada en mi casa. Me quedaba cerca de casa otro estilo de arte marcial entonces comencé ahí.

Con el tiempo me casé, tuve hijos y quise volver a las artes marciales,  pero  por distintos temas familiares muy complicados no pude hacerlo.

Cuando nació mi última hija, la nena de la familia, conocí lo que era la depresión post-parto, sentía que me moría, que no tenía ganas de nada y nunca fui así. Hasta el momento pensaba que la depresión post-parto era sólo una forma de llamar la atención. Entonces me dije: tengo que hacer algo que me guste, que me haga bien y saltar como un canguro en esas clases de Step no era para mí, tenía que hacer algo que me dejara algo y a la vez que me sirviera, espiritual, emocional y  físicamente. Necesitaba un conjunto de cosas que me diera todo.

Por otro lado,  antes de tener a la nena,  me estaba por meter a estudiar a la facultad y cuando me quedé embarazada ese proyecto se cayó, entonces necesitaba hacer algo que me dejara algo. Todas esas cosas las reunía hacer artes marciales, el día de mañana podía dar clases, me serviría emocional, espiritual y físicamente, por lo que a mis 40 años comencé a practicar Kung Fu en la Escuela Shen.


-¿Cómo vivís el camino marcial en compañía con tus hijos? ¿Te consideras una mamá guerrera?

No sé si soy una mamá guerrera, si sé que la vida me ha presentado distintas situaciones en las que les he podido servir a mis hijos para aprender a salir adelante. Creo que por el ejemplo y no por lo que uno les enseña, aprenden que todo se supera y que nunca hay que dejarse caer. Hacen 5 años me quebré los dos codos y quedé con las manos enyesadas y mis hijos tuvieron que aprender hasta lavarme cuando iba al baño, entonces, aprendieron que se pueden superar las cosas. Hace 10 años me quedé ciega, tenía el nene de 1 año y medio que recién aprendía a caminar y yo no veía, tuve que aprender a salir adelante, hasta que me pude operar y así, distintas dificultades, como la actitud ante la situación post parto, el no dejarme caer aunque sentía ganas de dejarme caer, entonces ellos aprendieron más que nada por el ejemplo, no sé si soy una mamá guerrera, pero si creo que ellos lo toman como que así se enfrenta la vida, no dejándose caer.

En cuanto al compartir la práctica del Kung Fu, está bueno para todos, mis dos hijos eran adolescentes cuando empezaron y generalmente escucho que el 99 % de las mamás hablan de que sus hijos se encierran, no hablan nada, se aíslan, normal de la adolescencia, pero mis hijos nunca fueron así, siempre fueron de contar y hablar todo. Cuando los varones son adolescentes normalmente se tiran más para el lado del papá y tienen mayor complicidad, a mi me ayudó el venir a hacer artes marciales juntos. Porque si bien veníamos quizá y ni no veíamos, ya que cada uno tenía faja distinta y actividades distintas, en el camino del micro teníamos  el espacio  para venir charlando y después estar en casa y tener un tema de conversación en común.

El hacer artes marciales con ellos me dio un tema de conversación,  al punto de que el papá a veces decía: “hablen conmigo, cuéntenme a mí algo, me están aislando”  y  nosotros diciendo “viste esto y viste aquello, esta patada no me sale y que a mi sí, y cómo haces esta postura y cómo haces aquello”.


-¿Qué representa en tu vida el Kung Fu?

Es mi estabilidad física, emocional y espiritual. Es lo que me ayuda a estar en línea y con todos los patitos en fila. (Entre risas)


-¿En qué crees que te ayudó en cuanto a tu realización personal?

Mi historia ha sido complicada, venía de una familia en donde la etiqueta era siempre “vos sos de aries, sos una persona mala, explosiva, nadie te va querer y tus hijos varones no te van a querer nunca, sos una persona agresiva , impulsiva”, entonces uno se va criando y creciendo con esa etiqueta, pero cuando empiezas a hacer algo por vos mismo y a ver que si puede, que uno no es malo y que la gente si te quiere, te vas sintiendo más fuerte y te vas dando cuenta de que podes más y el hacer artes marciales tiene el plus de la competencia con uno mismo y no con el otro.

Tengo miles de dificultades, como la de mi brazo izquierdo que después de la operación no quedó bien, entonces no puedo girar la muñeca. Ir superando estas dificultades te hace sentir cada vez más fuerte y que podés, te levanta el autoestima y las ganas.


-¿Las enseñanzas las aplicas a tu vida cotidiana?

Unas si, las otras no, pero si me siento más fuerte al momento de discutir con alguien, es como que digo: ya está no vale la pena, porque si te agarro te mato, es decir, no tiene sentido, ni me interesa pelearte porque sé que soy más fuerte. De cierta forma, ya no necesitas demostrar que vos podés.

En mi casa me ha ayudado mucho con la paciencia, puede que sea el Kung Fu y también ayuda la edad.


-¿Qué les dirías a las personas que tienen interés, pero  aún no se animan a comenzar este camino?

Cuando fui a la psicóloga me hizo una pregunta que me cambió totalmente la cabeza, me dijo: “¿Quién sos? “. Allí me di cuenta que no sabía quién era y después hablando con otras personas todas me decían lo mismo. Yo no me había puesto a pensar en quien soy realmente. No se trata de cómo soy o qué hago, sino quien soy, porque uno trae un montón de estigmas de sus padres, de su familia o de gente que te conoce y porque hiciste tal cosa siendo adolescente te etiqueta y vos empiezas a creer esas etiquetas. El arte marcial te sirve para conocerte, saber quien sos, hasta donde podés llegar y qué es lo que podes dar.

Cuando yo empecé en la Escuela venía con un estado físico deplorable, al punto de que mi postura de caballo era sólo un centímetro de doblar las rodillas, no duraba 15 segundos en caballo y yo decía: no lo voy a poder hacer nunca. Eso de superarse y saber hasta dónde uno va poder llegar, te ayuda a saber quien sos, hasta donde llega tu resistencia, hasta donde llega tu paciencia, hasta donde sos capaz de perseverar a pesar de que te sientes frustrado y que hay cosas que no te gustan, porque hay cosas que no te van a gustar y no siempre te tiene que gustar todo,  sin embargo, uno pone en la balanza, qué es lo bueno y qué es lo malo y qué me sirve y qué no me sirve

Me he dado cuenta de lo importante que es el arte marcial para mí, me he dado cuenta de lo que soy capaz de hacer y cambiar.

Entrenar en Escuela Shen- Morón 216 - Mendoza
info@escuelashen.com  / +54 261 423 0852


sábado, 12 de agosto de 2017

EXPERIENCIAS MARCIALES: Entrevista a Silvia Garavaglia

Abrimos este nuevo espacio de participación, un lugar donde los artistas marciales locales nos comparten su historia, su propio combate y nos recuerdan que todos los caminos son el camino.
Experiencias Marciales es una nueva sección de Estilo Marcial, una nueva forma de ver la práctica y transmitir las experiencias

ENTREVISTA A SILVIA GARAVAGLIA


Artista Marcial y Artista visual. 56 años. Madre de 2 hijos y 4 nietos. Casada. Profundamente cristiana. Guerrera de la Escuela Shen. Faja azul. 


Silvia nos abrió las puertas y recibió en su Taller de pintura, donde numerosas obras reflejan su amor por el arte y su profundidad espiritual.
Ella conoció el Kung fu a través del Tai Chi, en la actualidad entrena semanalmente en la Escuela Shen todas las disciplinas y hace pocas semanas ingresó a fajas avanzadas.
La guerrera asegura que, para ella, comenzar a entrenar fue un regalo de Dios: “Fue intenso descubrir como el Kung fu, era al cuerpo y a la vida en el contacto con el otro, lo que la espiritualidad es al espíritu. Disfruto esa meditación física”, explicó Silvia.
Su historia la llevó a ver la vida de otra forma y contemplar la sutileza de los procesos, ya que, nació,  vivió su infancia y parte de su adolescencia en una zona rural de San Juan.  “Aprendí a contemplar la naturaleza, las estaciones, las noches estrelladas, el recuerdo del verano y  los grillos, o el aroma de los naranjos. Quizás esa experiencia sensible me inspira a contemplar la belleza del Kung Fu”, aseguró.

El camino marcial

Para Silvia no se puede separar el sendero de las artes marciales de la vida y se trata de un camino profundamente bello: “en última instancia es físico, aunque primero es espiritual, tiene que ver con la belleza que significa imitar a los animales y en esa práctica la relación que se da con las personas, el encuentro con el otro. En la empatía y el cuidado entre compañeros para que el entrenamiento sea fraterno. Se trata de combatir, practicar o golpear sin dañar al otro. Diría que, también, es un ejercicio de humildad y bravura, de autoconocimiento”.
En referencia a los efectos que pueden surgir de la práctica, planteó: “En cuanto al sentir interno e íntimo, el Kung Fu no sólo consigue sacar lo mejor de uno, sino a veces,  lo peor de uno. Es bueno ser genuino, aprender a reconocer y aceptar esas  zonas oscuras que son propias y con las que lidiamos muchas veces. Insisto, se trata de un camino de vida, de autoconocimiento”, finalizó la guerrera.

Descubrirse en el Kung Fu


Silvia ve al Kung Fu como arte: “no sólo por su nombre: arte marcial, sino porque para mí,  la vida toda es arte”, expresó la guerrera emocionada y con esas palabras recordó una experiencia muy profunda que le sucedió mientras entrenaba en faja amarilla: “Estaba  iniciando en el camino de la faja y  Sihing Marco me enseñó el “Chin-na”, que se trata imitar el ala extendida de la grulla. Cuando me pidió que me moviera y trasladara mi brazo como un ala, me produjo un movimiento interno que me emociono hasta las lágrimas, salí del Kwoon para reponerme y Sihing me mandó a buscar con una compañera, para saber si estaba bien. Sólo  moverme como una grulla me movilizo intensamente, increíble! Entonces, Sihing me miró y me dijo: “probablemente usted es una grulla interiormente”…el resto es historia”, explicó la artista.
Posteriormente la guerrera investigó  que entre las características de la grulla en China se encuentran la lealtad, la longevidad y el respeto a las tradiciones. Es un símbolo porque es un animal que defiende a los suyos más allá de su capacidad, puede luchar contra un águila y a la vez mantenerse cálida y ser completamente serena.
“En algún punto, con aquel movimiento de grulla, terminé descubriéndome y deseo destacar, especialmente de esta experiencia el cuidado, respeto y afecto que como Sihing Marco, todos los instructores tienen para con los alumnos. La Escuela Shen tiene un gran capital humano, eso es reconfortante”, finalizó Silvia.


Postura marcial en la cotidianeidad

Cuando le consultamos a la entrevistada si la práctica le había cambiado la forma de pararse ante la vida cotidiana nos confió que: “por ahí uno no es demasiado consciente del cambio hasta que te pasa algo y lo percibís. Empieza a ser tan natural estar más concentrado en el estudio, en el trabajo o caminando en la calle. Como mujer, además, es bueno sentir otra postura, física, psicológica y emocional ante la vida diaria y ante un entorno social que, en ocasiones,  puede ser violento. Uno aprende a tener una alerta”.

Respecto al nivel físico de la práctica, Silvia plantea que hay que estar dispuesto psicológicamente a enfrentar los propios límites que el entrenamiento marcial tiene a nivel físico: “Lo físico te debe acompañar, si uno practica bien no tiene por qué lesionarse. Uno tiene que hacer el propio Kung Fu y sobre todo disfrutarlo.”

“La mayor barrera mental es la vergüenza, la timidez del comienzo, hay que atravesarla, sobre todo para quienes tenemos más de 50 años, ya que somos una generación bisagra, que convivimos y entrenamos con los jóvenes, pero tenemos una forma de pensar diferente, nos criamos en otra época. También, es cierto, que existe el temor a recibir un golpe,  a sufrir dolor o a lesionarse pero se van superando con la práctica,  la determinación y la perseverancia,” comentó la artista y agregó que: “no hay que preocuparse, porque nos cuidan y respetan el tiempo y la capacidad de cada persona”.

Para finalizar la guerrera nos invita a descubrir nuestra riqueza interior: “ A veces se hace difícil creer que uno puede, superar el cansancio y ser consciente de que el arte marcial, como la vida misma, es un camino de un paso a la vez en el que vamos creciendo, cayendo y levantándonos. Pasar de fajas, llegar un día a la tan temida como anhelada faja negra, no es, en definitiva, un llegar, sino más bien un continuar a partir de aquí de manera más consciente, más libre, más humilde, más genuina. En el recorrido, como en la metáfora del camino de mil kilómetros, hay que estar dispuesto a conocerse, a dudar y ser sincero, a aceptar los límites y también las fortalezas que desconocíamos como propias. Parafraseando a Castaneda: "sólo como guerrero puede soportar uno el camino del conocimiento”.

“La belleza del arte marcial, del Kung Fu, es que no se trata de destrezas físicas y competencias, de egos y vanidades, sino de consciencia y auto-descubrimiento, de honestidad para con uno mismo y para con los demás, de bravura y humildad, de aceptación y crecimiento, en definitiva, conseguir que evolucione la mejor versión de uno mismo”, cerró Silvia.

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Entrenar en Escuela Shen - Morón 216 - Mendoza
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Visitas al Taller de Pintura “Atelier”- Chile 2012 timbre atelier, pasando Coronel Plaza, Ciudad
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Web: garavagliaarte.org